12/8/16

LO QUE DAS, DE MANERA INESPERADA TE REGRESA

Por Gaby Vargas

En apariencia lo que sucedió puede leerse como una casualidad, un encuentro fortuito o una situación producto del alcohol. Así lo interpretó  Pablo, mi esposo. Sin embargo, para mí la experiencia fue profunda, misteriosa y significativa, resultado de la implacable ley del Universo de la causa y el efecto o del karma, no sabría cómo llamarle.
         Estoy convencida de que en la vida nada es casualidad.
Las personas, los eventos, las experiencias que se cruzan en nuestro camino no lo hacen por accidente, están orquestadas por un Poder Superior que todavía no comprendemos.
Si bien siempre he sabido que la vida es como un boomerang, que todo lo que haces te regresa de alguna forma, nunca lo había visto de manera tan rápida y precisa como ese viernes por la noche.
         Era un jueves cuando Pablo y yo acudimos a cenar a un restaurante en la ciudad de San Francisco, California, famoso por sus cortes de carne, mismos que disfrutamos muchísimo.
A la hora de pedir la cuenta, Pablo sacó la tarjeta y al revisar la nota se percató de que habían cometido un enorme error: "Mira  –me dijo–, se equivocaron, la cuenta es como de la quinta parte de lo que consumimos". Por supuesto era la de otra mesa. La cajera hubiera recibido el pago sin ningún extrañamiento, la mesera hubiera recogido la carpetita negra con el voucher firmado y nosotros pudimos haber salido del restaurante con la sensación de habernos sacado la lotería.
En cambio, Pablo llamó en ese momento a la mesera de origen japonés que, al enterarse del error y de la caballerosidad de mi esposo, le agradeció enormemente el detalle y nos acompañó hasta la puerta llena de gratitud, no sin antes explicarnos los días que se hubiera quedado sin ganar un solo centavo para reponer el error.
Nos acostamos con el sentimiento agradable de haber hecho lo correcto y nada más, pero la historia no acaba ahí.
         Al día siguiente, para despedirnos de San Francisco fuimos a cenar a otro restaurante,con la advertencia previa de que era costoso y de que se trataba de un menú fijo de varios tiempos.
         Una vez instalados, empezamos a admirar los detalles meticulosamente cuidados del restaurante: la vajilla, las flores, la decoración. En fin, en eso estábamos cuando a los pocos minutos acomodaron a una pareja en la mesa contigua a la nuestra. A lo largo de la cena, cruzamos miradas de amabilidad y, por la plática con el capitán, se percataron de que éramos de México.
         En un momento, Pablo se levantó al baño y el señor se sentó junto a mí con una copa de vino en la mano, para decirme que él y su esposa querían a los mexicanosque no construirían ningún muro y su esposa reforzaba el comentario. Cuando mi esposo regresó a sentarse, con cara de sorpresa y medio en broma, le comentó: "Puedo matar por esto…", e hizo sentir al americano que no encontraba muy apropiada su cercanía. El señor regresó a su mesa y no pasó a más la relación. 
Al momento de pedir la cuenta –que esperábamos fuera alta–, el capitán nos avisó que una persona anónima la había pagado por nosotros. De inmediato dedujimos que fueron nuestros vecinos. ¿Por qué lo hicieron? Nos sentimos entre incómodos y apenados por el monto, ni siquiera sabían nuestro nombre, ni nosotros el de ellos. Al intentar argüir algo, con gestos el señor nos indicó que no habría negociación. Les agradecimos y nos despedimos azorados con lo sucedido.


Mientras Pablo no bajó de pelmazo y borracho a nuestro generoso vecino, yo quedé convencida de la ley de la causa y el efecto: lo que das, de manera inesperada, te regresa.

15/11/15

NO BUSQUEN A LOS CULPABLES EN ORIENTE


Por Liliya Khusainova

Los atentados brutales de París que se cobraron la vida de más de 120 personas este 13 de noviembre causan mucho dolor, pero también muchas preguntas y la primera desde luego es quién tiene la culpa. No hay que ser un genio para responder a esa cuestión: EE.UU. ¿Cuál es el principio de todos los principios? Como economista puedo contestar que es una base financiera. EE.UU. y sus amigos eternos de la llamada 'coalición antiterrorista' realizan una pseudo lucha contra el Estado Islámico desde hace más de un año sin resultados. Su "compromiso" de erradicar el mal se transforma irónicamente en la consolidación del Estado Islámico: captura de nuevos territorios ricos en reservas, en el establecimiento de esquemas de ventas de petróleo, en la creación de su propio sistema financiero, en la introducción de su propia moneda hasta la instauración de su Banco Central, en otras palabras recursos necesarios para realizar ataques atroces como los que sembraron el pánico en París. EE.UU. allana el camino EE.UU. no combate el terrorismo, sino hace todo para que prospere y abarque más y más territorios. 

Y lo implementa mostrando las maravillas del ingenio: el uso selectivo de las organizaciones terroristas para conseguir sus objetivos políticos y el Estado Islámico no es una excepción. Al "noble" Estado que "se preocupa" por el destino de todos los países le da igual que sufran personas inocentes, que se destruyen sus vidas, lo más importante es cumplir sus caprichos y alcanzar los objetivos económicos latentes: derrocar al presidente Bashar al Assad y decidir qué hacer con el país y sus enormes recursos. Además, las armas que envía EE.UU. a la llamada 'oposición siria moderada' terminan en manos de los terroristas del Estado Islámico. Les arrojan armas y municiones desde el aire. En octubre pasado EE.UU. lanzó 50 toneladas de municiones a la oposición siria, sin hablar de cientos de vehículos de la marca japonesa Toyota que están en manos de los milicianos del Estado Islámico. El Departamento de Estado de EE.UU. y el Gobierno británico suministraron esos autos al Ejército Libre Sirio —que lucha contra el gobierno de Bashar Al Assad— y luego pasaron a manos del grupo Estado Islámico. La inconsistencia de EE.UU. en su "lucha" contra el terrorismo se observa en varios niveles. Así por ejemplo en su rueda de prensa en Viena con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, tras los ataques de París, dice que el país continuará combatiendo contra el Estado Islámico, el Frente Al Nusra y otros grupos terroristas. Pero al mismo tiempo no olvida de sus "intereses": acusó al presidente de Siria, Bashar al Assad, de comprar el petróleo del Estado Islámico. Esta selectividad al estilo estadounidense no hace buenas obras y los ataques terroristas de París lo demuestran "en todo su esplendor". 

Por El Diario.ES
 ¿Es el terrorismo yihadista el más peligroso?Sí, para los musulmanes. Hace unos días, ISIS asesinó a 37 civiles en Beirut en una zona habitada en su mayoría por chiíes. En nuestros países, nadie puso en circulación hashtagso campañas de homenaje. Incluso muchos medios titularon que el atentado se había producido en una “zona controlada por Hizbolá”. No se hacen hashtags por Hizbolá. En las guerras de Irak y Siria decenas o centenares de miles de musulmanes han muerto en esas guerras civiles cuyo punto de arranque fue la invasión norteamericana de Irak. No lo olvidemos. El derrocamiento de Sadam Hussein tenía como objetivo no ya acabar con una dictadura, sino rediseñar las fronteras políticas de Oriente Medio e iniciar una nueva era. “Seremos recibidos como libertadores”, dijo Cheney en marzo de 2003. Fue uno de los grandes errores históricos de siempre, a la altura de la invasión soviética de Afganistán o la decisión de Hitler de lanzarse sobre la URSS. Reforzó a Irán al llevar a sus aliados al poder en Bagdad y alentó una paranoia creciente en los regímenes suníes sobre el creciente poder de los chiíes. La campaña de bombardeos saudíes en Yemen debe mucho, casi todo, a esa confrontación que se repite con distintas formas en varios puntos de Oriente Medio y ha creado suficientes monstruos como para que nos atormenten durante años. Siempre estamos a tiempo de crear más. ¿Es ISIS, como antes Al Qaeda, un amenaza real e inminente para los habitantes de Europa y EEUU? La horrible carnicería de París nos lleva a pensar que el terror tiene en este planeta la forma de un joven musulmán fanático que hará lo que sea para matar a un europeo o norteamericano.


¿Nos enfrentamos a una guerra que hay que afrontar como tal y sin contemplaciones? Ese es el punto de vista de los halcones y de los que piensan que no hay problema estratégico que no se pueda solucionar matando gente. Son los que creen que cada año nos enfrentamos al dilema de Neville Chamberlain y que ignoramos que siempre hay que luchar contra el mal absoluto con las armas en la mano. Desde 2001, los países occidentales han invadido Afganistán e Irak. Han lanzando sus drones sobre Pakistán, Yemen y Somalia en una campaña permanente que nunca tendrá fin. Han impuesto en Libia una zona de exclusión aérea que propició el derrocamiento de Gadafi. Han tolerado la invasión saudí de Yemen. Han reconstruido ejércitos como el iraquí que se han revelado como una banda mediocre y corrompida. Han anunciado que el régimen sirio debía desaparecer, ayudado a algunos grupos insurgentes y tolerado que saudíes y turcos armen a los más peligrosos de los enemigos de Asad. Han lanzado una campaña de bombardeos contra ISIS que lleva ya 8.125 ataques aéreos hasta el 12 de noviembre (con un coste de 5.000 millones de dólares, una media de 11 millones diarios), a la que ahora se ha sumado Rusia. No parece que en catorce años la ideología oficial de Occidente haya sido el pacifismo. Sarkozy ha dicho que “nada puede ser como antes, debe ser una guerra total”. Entonces, ¿cómo definiría lo que ya ha ocurrido desde 2001? ¿Es una guerra contra el Islam en la que todos los musulmanes son sospechosos? Nada gustaría más a los yihadistas que se extendiera esa idea en Europa. No hay que negar que muchos europeos piensan así, de lo contrario Marine Le Pen no insistiría tanto en ello. Para ISIS, sí es una guerra de civilizaciones frente al Occidente de los “cruzados” en la que pretenden reclutar a los musulmanes para convencerles de que la “yihad” que les exige su religión no consiste en esforzarse en vivir bajo sus preceptos, sino embarcarse en una guerra permanente contra los infieles. Precisamente, eso es lo que sostenía una y otra vez Al Qaeda. Pensemos en todos los artículos tras el 11S que nos alertaban de que la organización de Bin Laden pretendía llevar el Islam al corazón de Europa, recuperar “Al Andalus” y sus glorias del pasado. Era la guerra definitiva en la que la típica pusilanimidad europea hacía prever un futuro oscuro. Nada de eso ocurrió. No hubo ningún Al Andalus yihadista.

 Los musulmanes de Francia, Reino Unido y España no se rebelaron contra sus amos paganos. Bin Laden acabó escondido en un chalé viendo cintas de vídeo, fue eliminado a sangre fría y su cuerpo, tirado al mar. Su organización en Irak fue aniquilada (aunque resucitaría con otro nombre, el de ISIS, gracias a ese Estado fallido que es Irak y a la guerra siria). Hay otra forma de ver lo que Bin Laden consiguió por si nos da alguna pista sobre lo que pasará con ISIS. En una época en la que a los líderes europeos les cuesta dejar su huella, podríamos preguntar si no es cierto que Bin Laden tendría razones, si siguiera vivo, para presumir de sus logros. En cierto modo, esa guerra permanente ha tenido en Occidente un precio terrible en términos políticos, económicos y morales. Nuestros inmaculados valores se defendieron en la prisión de Abú Ghraib desnudando a los presos y colocándoles una correa en el cuello; en Haditha, Irak, asesinando a sangre fría a hombres, mujeres y niños; y en las prisiones ocultas de la CIA aplicando el ‘waterboarding’ a los sospechosos de terrorismo. Me pregunto de dónde sacarán algunos que la prosperidad de Occidente nos ha vuelto blandos. ¿Cómo se alimenta la base ideológica del yihadismo? La superioridad racista y xenófoba que sienten los yihadistas tiene uno de sus principales orígenes contemporáneos en el wahabismo saudí. A partir de aquí, no es necesario escribir más. En estos momentos tan dolorosos sería de mal gusto destacar que los valores republicanos franceses tienen un precio, eso sí, muy alto. Francia venderá a Riad todas las armas que necesite, por ejemplo para sostener futuras guerras como la actual de Yemen. Quizá esas armas vuelvan para despertarnos de nuestros sueños dentro de unos años, aunque habrá quien diga que somos inocentes. Lo nuestro sólo eran negocios.