11/12/13

RÉQUIEM POR UN SUBVERSIVO


Por Luis Bruschtein   de página 12

El viejito que sonríe en la foto fue un duro guerrillero que soportó torturas y 27 años de cárcel. Ese hombre negro apacible y encanecido fue de los duros que rechazó la libertad cuando le pusieron como condición que se declarara en contra de la lucha armada del Congreso Nacional Africano. Nelson Mandela creció como líder de las luchas de su pueblo en Sudáfrica desplazando a los dirigentes más conciliadores con el régimen brutal del apartheid. Eran los años 50 y 60 y en Estados Unidos la segregación racial estaba instalada por ley. Sin embargo, era considerado el emblema de la democracia en el mundo. Si Estados Unidos era mostrado como el país más democrático del mundo a pesar de la segregación en la educación, los trabajos, el transporte y hasta en los baños, ¿por qué no habría de serlo también Sudáfrica con su apartheid? Para los cánones de esos años, Estados Unidos y Sudáfrica eran países democráticos, igual que los raquíticos gobiernos latinoamericanos acogotados por sus fuerzas armadas.

 Se repiten los discursos de Mandela sobre el sueño de una gran nación sudafricana donde todos los hombres fueran iguales sin importar el color de su piel. Pero cuando Mandela decía esa frase en aquellos años, no estaba pensando en la democracia real de esa época, en la supuesta democracia norteamericana o en la sudafricana. Estaba pensando en otras formas políticas que se relacionaban con procesos similares al argelino o al cubano u otros procesos emancipadores de la época, ya fueran democracias populares, repúblicas democráticas o socialismo africano. Nadie pensaba que la democracia de los países escandinavos podía ser operativa en países que arrastraban una larga historia de colonialismo, marginación y explotación. Sin embargo, había una diferencia entre el proceso sudafricano y otros que se desarrollaban en Africa, donde la mayoría trataba de liberarse del yugo colonial. Allí, en cambio, se luchaba contra la dominación blanca. Pero todos pensaban que los cambios solamente vendrían con procesos revolucionarios. Eran las ideas y las herramientas de ese momento histórico, las que surgían de esa circunstancia. 

No se podía confiar en la democracia de los blancos o de los militares o en que los poderosos entregaran mansamente sus privilegios. Mandela, Oliver Tambo, Walter Sisulu y otros jóvenes de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano desplazaron a principios de los 60 a los dirigentes que proponían formas pacíficas de lucha, en las que ellos también habían participado, y fundaron Lanza de la Nación, que era la formación guerrillera del CNA. Sudáfrica también era diferente a los demás procesos africanos en otros aspectos. La lucha armada no fue centralmente de guerrilla en la selva. El CNA era un movimiento popular de masas con mucha concentración urbana. La lucha armada consistió centralmente en atentados explosivos en las ciudades o en infraestructura, articulados con huelgas e insurrecciones. Mandela y Sisulu estuvieron presos la mayor parte del tiempo y Oliver Tambo exiliado. El CNA no era africanista, por eso se repite mucho la frase de Mandela cuando dijo que siempre luché contra la dominación blanca y siempre luché también contra la dominación negra. No era africanista porque, a pesar de que centralmente la lucha era contra el apartheid, tenía un fuerte componente ideológico. El CNA tenía influencias marxistas soviéticas y chinas, al igual que todos los líderes anticolonialistas africanos de esa época, desde Patrice Lumumba en el Congo hasta Samora Machel en Mozambique. Machel era un marxista ortodoxo, dirigente del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) y llegó al poder aliado a los soviéticos en 1974 después de la Revolución de los Claveles en Portugal. Fue asesinado en un atentado y su viuda, Graca Machel, se convirtió varios años después, en 1998, en la última esposa de Mandela. 

Otro aspecto particular del CNA era que Mandela había integrado también a blancos y a indios. Paradójicamente, mientras el gobierno de Israel apoyaba al gobierno racista blanco y le vendía armas, varios judíos sudafricanos, entre ellos Denis Goldberg, Lionel Berstein y Harold Wolpe, lucharon junto a Mandela en Lanza de la Nación. Los poderes y las fuerzas que representan los principales líderes del mundo que el jueves hicieron conocer sus condolencias por la muerte de Mandela y lo elevaron al rango de ejemplo para la humanidad, durante su lucha lo consideraron subversivo y terrorista. No era para nada políticamente correcto. Muchas de esas fuerzas y poderes fueron cómplices de su encarcelamiento y tortura. Mandela es el duro luchador y al mismo tiempo es el gran pacifista que advirtió la prioridad de la integración en un país dominado salvajemente por una minoría blanca. Una cosa no se puede separar de la otra. Para hacer lo que hizo en el poder, antes tuvo que luchar como lo hizo. Es difícil unir esas dos facetas que se muestran como polos que se contradicen. Si en la primera etapa de su vida hubiera actuado como lo hizo en la segunda, hubiera sido cómplice de la explotación blanca. Si al salir de la cárcel hubiera mantenido la intransigencia que lo caracterizó en la lucha, hubiera llevado a Sudáfrica a una catástrofe. Pero el cambio no se produjo porque llegó al poder, sino porque su llegada al poder fue parte de un reacomodo que se estaba produciendo en todo el mundo al finalizar la guerra fría y asentarse el proceso de globalización donde el mundo se convirtió en un solo mercado. Uno de los grandes problemas de las revoluciones en Angola o en Mozambique había sido que provocaron el éxodo masivo de la población blanca, con lo cual se quedaron sin profesionales ni empresas. En Sudáfrica la economía estaba en manos de los blancos, que a su vez eran la inmensa mayoría de los profesionales. La población blanca y la población negra estaban condenadas a vivir en paz. Mandela fue concesivo en muchos aspectos, sobre todo con los juicios de la verdad, porque la emigración masiva de los blancos hubiera significado la bancarrota y el fracaso de la lucha contra el apartheid. En 1974 Mozambique fue rescatada por la URSS. En los años 90, cuando Mandela llegó al poder, la URSS ya no existía y los términos del comercio mundial estaban más o menos regidos por la OMC. Robert Mugabe, otro gran líder africano, fue más rígido y en la actualidad Zimbabwe (ex Rodhesia del Sur, vecina a Sudáfrica) está aislada y con fuertes problemas económicos. 

 Mandela era un hombre mayor. Sabía que le quedaban pocos años útiles de vida y los usó para consolidar la salida del apartheid en una Sudáfrica multirracial. Sabía que dejaba un país con profundas desigualdades, pero se dio cuenta de que su tiempo estaba acotado a consolidar la monumental victoria que había logrado. Fue su legado a las nuevas generaciones, las que deberán ocupar su puesto en la lucha contra la miseria y las injusticias que aún subsisten. Así el antiguo terrorista y subversivo que no merecía más que una visita cada seis meses durante 27 años se convirtió en el héroe moral de la nueva era. Mandela fue una expresión muy particular, difícil de equiparar por su dimensión humana, pero en general hay ciertos rasgos similares con los procesos que se generaron en América latina al comenzar el siglo. Miguel Brascó cuenta una anécdota de su visita a Johannesburgo en los 60. “El problema –le dijo a un sudafricano blanco– es que aquí no votan los negros”. Tengo entendido que en su país tampoco, le respondió el hombre un poco molesto. Se refería a que el peronismo estuvo proscrito durante 18 años. Expresiones, reflejos, continuidades o rescoldos de lo que en determinado momento histórico fue condenado por subversivo y terrorista llegaron a los gobiernos por medios democráticos. Expresiones de los trabajadores combativos en Brasil o en Venezuela, de los pueblos originarios en Bolivia, de los tupamaros en Uruguay, de la Juventud Peronista en Argentina, de los curas tercermundistas en Paraguay o de los allendistas chilenos aparecieron con mayor o menor fuerza, con mayor o menor eficacia, como una opción de poder concreto para amplios sectores populares que habían sido marginados por la aplicación de las ideas hegemónicas del neoliberalismo. Cada una de esas experiencias históricas había dejado un reservorio de valores de lucha y resistencia que sirvieron para la construcción de nuevas opciones. Había restos vivos de lo que parecía perdido y arrasado por las represiones, las cárceles y los exilios.




45 RAZONES


Las velas en la tarta, los amigos, los recuerdos, las fiestas de guardar, el calor de las 5 de la mañana, las luces encendidas de aquel bar.
Los lunes disfrazados de domingo. La maleta, el reloj de la estación. Las victorias en el último minuto, si llega la ocasión. La vida me convence con la vida, y 45 razones... cuando llueve, me saco de la manga un as de corazones.
Los coches aparcados en el bosque. Los labios, en el bosque de la piel. Las sorpresas, el cuerpo conocido. La puerta que se cierra en un hotel. Los días en que soy un caballero. Las noches, en que pierdo la razón. Y las naves dispuestas a quemarse, si llega la ocasión.
La vida me convence con la vida... Los catedráticos, la gente pensante, otra limonada con hielo, por favor. Las mentes que rompieron el silencio. Una copa, un amor, el rock’n’roll. Todo lo que se callan los traidores Todo lo que me dice una canción. Y tus labios color de marihuana, si llega la ocasión La vida me convence con la vida...

28/10/13

RÉQUIEM POR UN POETA Y PINTOR DE LA MÚSICA


El rocanrol es tan genial que la gente debería empezar a morir por él. Toda una generación bajo un bajo Fender, dijo alguna vez Lou Reed, leyenda del rock, ideólogo del punk, y quien influyó profundamente a varias generaciones de músicos y sus seguidores como líder de la banda de culto Velvet Underground en la década de 1960, así como en su posterior etapa como solista. Reed, imprescindible en la historia de la música contemporánea, murió este domingo, iniformó su agente literario, Andrew Wylie.

Tenía 71 años. Poeta, cuentista y retratista, Reed, uno de los artistas más revolucionarios, falleció en la ciudad de Southampton, Nueva York, de un problema relacionado con su reciente trasplante de hígado, dijo Wylie. Agregó que el legendario músico había estado delicado de salud desde hace meses. Murió este domingo a las 11 de la mañana en Long Island, en la casa que compartía en con su esposa, Laurie Anderson, precisó. Creo que Lou fue un artista tan grande como se puede llegar a ser. Es una gran pérdida, sostuvo Wylie. Reed, quien en vida reconoció haber bebido alcohol en exceso y consumido drogas por varios años, fue sometido a un trasplante de hígado este año en la Clínica Mayo de Cleveland, dijo Anderson a The Times of London, luego de que el músico canceló cinco conciertos en California programados para abril. Reed se estaba muriendo, había dicho la artista, con la que se casó en 2008, admitiendo que no sabía si su marido se recuperaría por completo. Soy un triunfo de la medicina El primero de junio pasado en su sitio de Internet el músico, sin reconocer abiertamente el trasplante, publicó: Soy un triunfo de la medicina moderna. Estoy ansioso de tocar sobre el escenario y escribiendo más canciones para conectar con sus corazones y espíritus y el universo por mucho tiempo en el futuro, agregó. 

 Aunque nunca se acercó al éxito comercial de superastros como los Beatles y Bob Dylan, ningún compositor surgido después de Dylan, amplió en forma tan radical el territorio de las letras en el rock, como Reed. Y ninguna banda hizo más que Velvet Underground, que formó junto con John Cale, para abrir la música rock a movimientos de vanguardia en todas las expresiones artísticas. Nombres de creadores esenciales están asociados a Reed: William Burroughs, Kurt Weill, John Cage y Andy Warhol, quien los impulsó en sus inicios. De hecho era miembro recurrente de su estudio de arte llamado La Fábrica. Velvet Underground, poco conocida en un principio y decididamente anticomercial, revolucionó al rock en las décadas de 1960 y 1970 con una mezcla de melodías en guitarra cantadas por Reed o por la sensual modelo alemana Nico, quien colaboró por un breve periodo con la banda por la insistencia de Warhol. Producido en 1967 por el artista Warhol, el primer álbum de Velvet Underground es considerado una de las obras maestras del rock. Brian Eno, quien produjo discos de Roxy Music y Talking Heads, entre otros, alguna vez dijo: El primer disco de Velvet Underground vendió 30 mil copias en los primeros cinco años... Creo que todos los que compraron una de ellas comenzó una banda. 

 Velvet Underground ingresó en el Salón de la Fama del Rocanrol en 1996 y su emblemático álbum debut The Velvet Underground & Nico fue incluido en el archivo de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos en 2006. El disco incluye canciones como I’m waiting for the man (un joven que espera por su dealer de droga), Sunday morning (que evoca la desolación de la mañana tras los excesos de la noche) y, por supuesto, Heroin, himno a esa droga dura cuya adicción aniquilaría a muchos de su generación. Tras la separación de la banda a inicios de los años 70, Lou Reed comenzó una carrera como solista y dio a conocer en 1972 su disco quizá más célebre, Transformer, producido por David Bowie y en el que sobresale Walk on the wild side. Himnos Más de una generación cantó e hizo propios himnos como ese tema, una invitación a vivir la vida en todos sus excesos y en la que celebra a travestis y homosexuales en momentos en que esas comunidades eran estigmatizadas en Estados Unidos. 

 Satellite of love y Perfect day son otras dos grandes composiciones de Transformer, reinterpretadas por muchas bandas y la última de ellas utilizada en la película de culto Trainspotting (1996), del director escocés Danny Boyle. A ese álbum le siguieron otras obras muy reconocidas como Berlín (1973) y Coney Island Baby (1976), que reafirman el carácter de poeta urbano y fino observador de la crudeza, tristeza y al mismo tiempo el romanticismo de la vida en las grandes ciudades. Enormemente influyente en el arte pop desde la década de 1960, sus discos son fundamenteles (prácticamente todos) Berlin, Transformer, Rock’n’roll Animal, Take no prisoners, New York y, para un primer acercamiento, el soberbio concierto que ofreció en el Meltdown Festival: Perfect night live in London. El indie rock esencialmente comienza en la década de 1960 con Reed y los Velvet; el punk, el new wave y los movimientos de rock alternativo de las décadas de 1970, 1980 y 1990 quedaron en deuda con Reed, cuyas canciones fueron interpretadas por R.E.M., Nirvana, Patti Smith y un sinnúmero de artistas. Reed tuvo un éxito en el top 20 con Walk on the wild side, y muchas otras canciones que se hicieron populares entre sus admiradores, desde la mencionada Heroin y Sweet Jane a Pale Blue Eyes y All Tomorrow’s Parties. 

 Después de ser un rebelde en sus primeros años, que pintó como pocos el lado salvaje y triste de las grandes ciudades, rescatando a sus héroes anónimos y marginados, Reed al final terminó por presentarse en la Casa Blanca, la revista The New Yorker publicó sus escritos, PBS lo incluyó en un documental sobre los grandes maestros estadunidenses y ganó un Grammy en 1999 al mejor video musical versión larga. Lewis Allen Lou Reed nació el 2 de marzo de 1942 en un hospital de Brooklyn (sureste de Nueva York), aunque se crió en Freeport, Long Island, donde aprendió desde muy chico a tocar el piano y la guitarra. Su adolescencia estuvo marcada por un tratamiento de electrochoques para curar su bisexualidad, un traumatismo que dejaría huellas por el resto de su vida y de la que hablaría en algunas entrevistas. En los años 80, Lou Reed se alejó de los excesos y en 1990 publicó, junto con Cale, el delicioso Songs for Drella, un homenaje a Warhol, fallecido en 1987. El disco llevó a varias presentaciones a los integrantes originales de la banda Velvet Underground a comienzos de esa década. Entre sus trabajos recientes, el músico se dedicó a proyectos eclécticos, como una colaboración con la banda Metallica y un libro de poesías inspirado en The raven, del escritor estadunidense Edgar Allan Poe. A finales del año pasado publicó otro libro, Rimes rhymes, con 300 fotografías de su autoría y textos de Bernard Comment. Junto con el cineasta Woody Allen y la cantante Patti Smith, entre otros, formaba parte del selecto club de leyendas vivientes de la Gran Manzana. Sus problemas de salud habían limitado sus presentaciones en vivo.

 John Cale, que cofundó Velvet Underground pero tuvo una relación a veces difícil con su ex compañero de banda, publicó una declaración en su página de Facebook. “El mundo ha perdido a un buen compositor y poeta. He perdido a mi ‘amigo del jardín infantil’”, afirmó. En su cuenta oficial de Twitter, el músico Iggy Pop calificó la noticia de devastadora, mientras Kim Gordon, de Sonic Youth, publicó un tuit que decía: Lo siento tanto de enterarme del fallecimiento de Lou Reed, ¡esto es muy impactante!